se mueven como gallinas alborotadas antes de comer
los libros se mueven en todos los estantes de una antigua biblioteca
llenos de polvo, se mueven, asustados, saben que son sólo papel olvidado
las palabras , las letras, van y vienen confundidas; el aburrimiento, la estática y prolongada estadía les han hecho olvidar el norte, perdieron sentido y de a poco fueron por el
salieron como hormigas hambrientas y al no saber como volver se fueron quedando donde llegaban, así: las de filosofía se mezclaron con las de cursos prácticos de cocina, las de las poesías con las de los mil métodos del tejido al croché, las de psicología con ingeniería, religión con las de albañilería, las de medicina con las del tarot y las de la cábala, física y matemática avanzada con las del curso de primeros auxilios de la cruz roja, novelas con seminarios de metafísica, cartas de amor con cuentos para sordos, ciegos y mudos, y cientos de cruces más; sucesivamente se fue mezclando todo el contenido de la biblioteca
cuando él la heredó a la muerte de su último bisabuelo lloró por la emoción (la realidad es que nadie la quería, ninguno de los herederos tenía el más mínimo interés por los libros, menos por la biblioteca, ni siquiera como adorno)
era una enorme biblioteca, abarcaba la totalidad de tres cuartos contiguos, de seis metros por seis metros y cuatro de alto cada uno, llenando no tan sólo las paredes de piso a techo sino con estanterías intermedias que apenas dejaba escuetos pasillos para transitar
cuartos del antiguo palacete donde vivió hasta su muerte el bisabuelo
le tomó meses trasladarla a su boardilla, entretecho que también heredó de la vieja casona de campo que se repartió entre los herederos
además le tocó: una mesa de luz, una cama luís XV y un escritorio de roble que había pertenecido a un tío de su bisabuelo, maldito general de napoleón, sin su silla; y unos acres de tierra en el pantano colindante
no se quejó de haber recibido lo que para los otros eran las sobras, sentía que ahora tenía todo, el mundo era de él
estaba cerca del cielo, rodeado de saber, un pedazo de tierra por más pantanosa que sea y por las ventanas veía las estrellas, la noche y hasta más allá del mismo horizonte; es decir: tenía una fortuna inmensa a los ojos de él
su vida cambió, se abocó a leer todos los volúmenes que tenía, el enorme tesoro heredado, a caminar por las tardes en el pantano y a contemplar la vida,
desde las ventanas de la boardilla no se perdió de disfrutar ningún amanecer ni ocaso, disfrutó con plenitud cada paisaje que con las estaciones cambiaban, descubrió algunas estrellas que aún nadie había conocido
su enorme y extraña biblioteca hizo de él un ser sabio, pero particularmente raro; su saber desorientaba a más de uno: dio consejos de fe y sermones para levantar paredes cuando le consultaron de albañilería y tuvieron éxito, con recetas de cocina pudo plasmar en un tremendo ensayo, su brillante teoría de la re-evolución del existencialismo animal, basada en los sinsabores del desconocerse a si mismo, la carencia absoluta de sus mismos olores; ensayo que fue ovacionado en todos los círculos filosóficos del mundo; también dio seminarios avanzados sobre la estructura psico-patológica de la paranoia ancestral y la perversidad continua, con las fórmulas gráficas de los coeficientes metabólicos del hormigón armado bajo el punto cero y los ensambles estructurales antisísmicos con la caña de bambú; de ahí vienen los grandes cambios en la ingeniería moderna
aportó a la literatura con sus poesías hechas con tres agujas en punto invertido cuasi macramé, así mismo en la región muchos médicos tomaron el tarot y la cábala para sus diagnósticos
así fue transcurriendo su feliz vida con ese saber extraño y un martes, como corresponde, murió
en realidad lo mató el mismo saber, el peso del saber, cosa que él ya sospechaba
estaba en esos días muy pronto a concluir otro ensayo sobre ese tema, pero no llegó
fue un martes de poco sol, cuando intentó descifrar unos jeroglíficos acuñados en placas de piedras que él creía eran el origen de la escritura
fue ahí, en el pantano, a la sombra, un martes… ahí, donde tanto le gustaba ir y esa vez con mucha euforia
lo que hizo no percatarse que toda la noche anterior había llovido como el mismo fin del mundo
